22 de enero de 2010

El fundamento de la realidad y la realidad fundamentada


El fundamento de la realidad y la realidad fundamentada*

La base de la pseudo-condición
Quizá sea por todas las barreras que han traspasado, quizá porque barreras siguen existiendo, la cuestión de cuestiones es que el debate en torno a la identidad sexual es un tema poco más que recurrente dentro de las asignaturas del globo. Los grupos homosexuales, en sus contextos, con sus historias y leyes mediante, no han dejado de ser parte de la acción pública de las últimas décadas, y esto no tan aristotélicamente hablando, sino más bien en sus bases, en su necesidad de ser reconocidos como iguales, como diferentes en un mundo desigual pero con las mismas condiciones y aceptaciones que cualquier ciudadano. La base primera: su pseudo-condición -que no seamos todos condicionados-, que la diferencia no radica en esta cuestión hétero-homo, sino en la idea que se tiene de ello, en el fundamento primero, a saber, el principio de aquello que hace de un homosexual lo que es; ¿se nace o se hace?
Y esta pregunta no puede ser central hasta que otras preguntas hayan tenido respuestas, hasta que el –por de alguna forma discriminarlo, diferente de segregarlo- homosexual haya sido aceptado en ciertas instituciones y su posición al respecto de este interrogatorio tenga relevancia. Y, por esto mismo, quizá en la Argentina no haya tenido ni el peso ni la fuerza que en la región Toscana de Italia, donde fue el mismo gobierno quien propulsó la campaña, en el marco del Festival de la Creatividad de Florencia. Pero entiéndase con esto, y así mismo fue planteado, que el objetivo primero fue el mensaje y no el festival. Y el discurso, que sería entonces censurado por las otras instituciones que de forma histórica se han opuesto, como la iglesia, fue conciso, directo y puntual: la imagen de un recién nacido con su brazalete identificatorio de sexo, homosexual, y la leyenda que reza: “La orientación sexual no es una elección”.
La publicidad fue creada por la fundación canadiense “Emergence en Quebec”, que lucha contra la discriminación sexual, entre otras bajezas humanas; y fue creada para que el gobierno toscano la inserte en sus calles, en sus diarios, en su debate anti-discriminación al que también adhiere. Al respecto, Antonio Fragai, de derechos civiles dice: “La homosexualidad no es un vicio, no debe ser condenada ni marginada, ni mucho menos debe ser perseguida”, a lo que el opositor demócrata-cristiano Luca Volonté responde: "Al usar la imagen de un recién nacido se da a entender que se nace homosexual, que se trata de una característica innata, lo que es un engaño y una vergüenza”; vergüenza también señalada por el Vaticano, proclamando que no hay necesidad de plantear el tema de esta forma. Y el debate regional se hace mundial y los diarios del globo se hacen eco del bebé y su simbólico distintivo.

Sala de recién nacidos
El símbolo primero y quizá el total. Tan sólo el bracito arrugado y pequeño y el brazalete hubiesen alcanzado para emitir el mensaje base: se nace homosexual.
El brazalete en sí mismo remonta a la sala de recién nacidos y a la necesidad de clasificarlos; el choque se produce por este nuevo género, no por aparición sino por aceptación. Si se hace una lectura detenida se puede uno preguntar si el homosexual deja de ser varón o mujer, pero entonces recuerda que su pseudo-condición lo aleja de toda condición, que entonces, según los otros principios básicos, el varón nació para unirse a una mujer, y la mujer, para el hombre; el homosexual entonces, ¿dónde entra? ¿Qué brazalete debe ponérsele si el diccionario, público en este caso, no lo alcanza a definir? Y, de forma implícita, la crítica: ¿por qué no se lo etiqueta de “Heterosexual” al bebé de al lado? Quizá porque hay una sola manito y no se reconocen a los demás, quizá porque eso no es lo que importa, el problema no radica en ello, con seguridad porque el bebé de al lado tiene la etiqueta de “Varón” y esa habla por sí sola para él, y excluye a la manito publicada.
Sobre el puño cerrado uno puede preguntarse si el bebé ya no se está quejando de tanto alboroto por una cuestión que, entiende, debería de ser tan singular como la realidad del heterosexual -si resulta necesario diferenciarse-. Pero quizá lo más necesario sobre este puño son sus arrugas, su vinculación con la realidad primera, que es la del nacimiento. Entonces sí se puede hacer la vinculación distintivo-mano y comprender hacia dónde se va, desde dónde parte la idea, y entender que ya desde el nacimiento el ser es quien es y no hay caracteres externos que configuren su sexualidad.

“L’orientamento sessuale non è una scelta” y la imagen difuminada
Es cierto que el brazalete y la manito hablan por sí solas, pero entonces no se hubiese podido crear el choque mayor del que hablan los opositores, o no hubiese sido el mismo: la imagen del bebé es necesaria para que el mensaje impacte. Probablemente el bracito por sí solo hubiese pasado desapercibido en las páginas de los diarios, pero no la imagen de un bebé, no todo el significado que esto tiene socialmente. La imagen de un recién nacido crea sensaciones de ternura, nostalgia, despierta las emociones más tibias y sensibiliza y, por esto mismo, en sí misma es todo un mensaje del que no se podía prescindir. Pero, del mismo modo, uno puede observar que la figura del bebé fue retocada, difuminada en este caso, y esto para que no bloquee el mensaje primero, el del brazalete, para que no le saque todo el tinte que en sí mismo porta.
Y, por último, la leyenda, blanca cual el brazalete y uno hace la conexión directa: “se nace homosexual” -tal y como se interpretó-, ergo: “la orientación sexual no es una elección”. La leyenda tampoco está difuminada y se ubica por encima el brazalete, quizá para disipar incluso la posibilidad de equivocación en la lectura de la publicidad; y, al costado del niño, sin tapar sus rasgos distintivos, sin amortiguar entonces su mensaje, dejándole ese espacio que se le estableció.

La ley de lo primero
De elecciones se trata entonces todo lo que viene después, del nacimiento, de la publicidad, del discurso primero, segundo, al cubo, a la n, el que nos llegue, que alguno nos llega, y respuestas son entonces las que podamos concebir, pero la base, el principio, es antes de eso, antes de que se pueda hablar de algo, es en el principio de la historia, y ahí es donde se instala esta discusión que tiene muchas voces, pero que la realidad, fuera de toda semiosis, como toda realidad en sí, es única y, por ello, incomprensible. Y, por eso mismo, todas las posiciones son válidas, si no son coartadas por alguna creencia que no deja ver más que una cara y que, de esta forma, conoce una sola realidad y no la aprehende en el todo que se puede tomar; y, entonces, el principio es donde somos, y fuera de toda etiqueta, la discusión va más allá: va sobre los principios y los valores que tendrán poco de objetivos pero que han de ser aceptados como único medio posible para el funcionamiento de la sociedad; y la discriminación fue, va e irá en contra de todo buen principio y esa es la inadmisibilidad primera, por eso es por los que algunos luchan y otros deberían aprender a callar.




*Trabajo presentado en la cátedra "Semiótica de los medios contemporáneos" de UCES Rafaela, año 2009, prof. Claudia Manera

1 comentario:

  1. Impecable. un analisis semiológico de una publicidad que dice mucho mas de lo que muestra.
    Creo que como sociedad todos somos responsables de cada una de las situaciones que ponen de manifiesto las diferencias, cuales fueran.
    El ser humano aveces "involuviona" en su especie... en lugar de HUMANIZARSE se vuelve cada vez menos ser humano. La discriminación en cuqlquiera de sus formas me da ASCO. soy demasiado ser humano para soportarla. Pro soy consiente que acabar con ella es tbn hacer escuela, elevar banderas y pensamientos... a veces es suficiente llegarle a una sola persona... hoy, Leandro me has llegado a mi...

    un abrazo y me gusta todo lo que publicas...!

    exitos...!
    LEON el alvarEZ

    www.leonel81.spaces.live.com

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